El uso de pantallas en preescolar se maneja mejor cuando la escuela define para qué se usa cada dispositivo, protege el juego y acuerda límites claros con las familias. La meta no es contar minutos de forma aislada: es evitar que el celular, la tableta o el video desplacen sueño, movimiento, conversación, exploración y convivencia.
En el aula, una alternativa sencilla puede cambiar la dinámica. Cuando una maestra inicia un juego como El lobo, quizá empieza con dos o tres alumnos y termina acompañada por buena parte del grupo. Esa respuesta muestra algo que conviene recordar: niñas y niños siguen queriendo jugar con otras personas. Necesitan que el espacio, el tiempo y los adultos hagan posible ese encuentro.
Por qué el uso de pantallas en preescolar requiere acuerdos
En estas edades se desarrollan el lenguaje, el control de impulsos, la coordinación, la imaginación y las habilidades para convivir. Una pantalla puede apoyar una experiencia breve y guiada, pero el consumo automático o prolongado puede ocupar el lugar de actividades que ofrecen información sensorial, movimiento y diálogo real.
La Organización Mundial de la Salud recomienda que los niños de 3 y 4 años no pasen más de una hora al día en actividades sedentarias frente a una pantalla; menos tiempo es mejor. También propone al menos 180 minutos diarios de actividad física de distintas intensidades y destaca leer, contar cuentos, cantar y hacer rompecabezas con una persona cuidadora.
La Academia Americana de Pediatría añade un criterio útil: importa qué contenido se consume, con quién y para qué. Ver un cuento breve con la maestra, detenerlo para conversar y llevar la idea a una actividad concreta no equivale a dejar videos en reproducción automática.
Señales que conviene observar sin hacer diagnósticos
La docente puede registrar cambios como los siguientes:
- dificultad frecuente para pasar de una pantalla a otra actividad;
- petición insistente del dispositivo durante momentos de espera;
- sueño o cansancio al comenzar la jornada;
- poca disposición para el juego compartido;
- irritabilidad cuando termina un video;
- imitación repetitiva de contenido que no comprende.
Estas señales no demuestran por sí mismas que la pantalla sea la causa. Sirven para conversar con la familia, revisar rutinas y observar si los ajustes producen cambios. Si hay alteraciones persistentes del sueño, el lenguaje, la conducta o la convivencia, corresponde sugerir una valoración profesional y evitar etiquetas como “adicción” sin evaluación clínica.
Qué está pasando en México con los celulares en las escuelas
A septiembre de 2026, México se encuentra en un proceso de diálogo y construcción de acuerdos nacionales. La SEP ha señalado que el tema debe abordarse con evidencia científica y con participación de docentes, familias y especialistas. También ha explicado que el impacto de los dispositivos rebasa el salón de clases porque las plataformas intervienen en hábitos, rutinas y formas de relacionarse.
La consulta anunciada para los Consejos Técnicos Escolares forma parte de ese proceso. Por eso, todavía no conviene presentar una prohibición federal única como una norma ya cerrada para todas las escuelas. Cada plantel debe revisar las disposiciones de su autoridad educativa local y documentar los acuerdos que tome con su comunidad.
El portal público Pantallas con sentido reúne datos, experiencias internacionales y líneas de acción. Entre ellas están proteger el entorno escolar, recuperar el juego libre, cuidar el sueño y construir límites compartidos. La Subsecretaría de Educación Básica también ha insistido en la corresponsabilidad entre escuela y familia.
Un plan de siete días para recuperar juego y atención
Antes de redactar un reglamento extenso, puede aplicarse una prueba de una semana. El objetivo es observar qué momentos generan más dependencia de la pantalla y qué alternativas funcionan con el grupo.
Día 1: registra cuándo aparece la pantalla
Anota durante la jornada:
- quién usa el dispositivo;
- para qué se utiliza;
- cuánto dura la actividad;
- qué estaba ocurriendo antes;
- cómo reacciona el grupo al terminar.
Incluye las pantallas que usa la persona adulta. A veces el alumnado no toca el celular, pero la docente interrumpe la interacción para revisar mensajes o reproducir contenidos sin una intención definida.
Día 2: decide qué usos sí tienen propósito
Conserva solo los usos que aporten algo difícil de lograr de otra manera. Un video breve puede ayudar a escuchar el sonido de un animal, observar un fenómeno lejano o conocer el ritmo de una canción. Después debe venir una acción: imitar, conversar, dibujar, clasificar, cantar o jugar.
Puedes usar tres preguntas antes de encender una pantalla:
- ¿Qué aprenderán o explorarán?
- ¿Por qué este recurso es adecuado para su edad?
- ¿Qué harán con otras personas al terminar?
Si no hay una respuesta clara, el recurso probablemente está llenando tiempo.
Día 3: establece un lugar para los dispositivos
Define con la comunidad dónde se guardarán los celulares personales durante la jornada. Considera excepciones por salud, accesibilidad, emergencia o una actividad pedagógica autorizada. Explica quién resguarda los equipos y cómo puede una familia comunicarse con la escuela en una urgencia.
Un acuerdo concreto funciona mejor que una frase general como “usar el celular con responsabilidad”. Por ejemplo: “Los dispositivos personales permanecen guardados durante las actividades y el recreo, salvo autorización docente por una necesidad específica”.
Día 4: prepara transiciones sin videos
Los videos suelen aparecer cuando hay que esperar, ordenar o cambiar de actividad. Sustitúyelos con recursos que puedas iniciar en menos de un minuto:
- una canción corta para recoger materiales;
- palmas con patrones que el grupo repite;
- una adivinanza oral;
- respiración con movimiento de brazos;
- estatuas musicales sin pantalla;
- una consigna de búsqueda dentro del salón.
Si necesitas más ideas para organizar la jornada, revisa estas actividades para preescolar. Incluyen propuestas de movimiento, lenguaje, convivencia y expresión.
Día 5: recupera el recreo como espacio social
El recreo necesita libertad para inventar, negociar reglas y formar grupos. También puede beneficiarse de una invitación inicial cuando el juego libre se ha debilitado.
Una organización sencilla consiste en asignar a cada docente una zona del patio. En una se propone avión o rayuela; en otra, pelotas y aros; en otra, una ronda o juego tradicional. La persona adulta inicia, cuida la seguridad y se retira gradualmente para que el grupo tome decisiones.
No es necesario dirigir cada minuto. El propósito es abrir posibilidades y evitar que el celular se convierta en la única respuesta al aburrimiento.
Día 6: arma una biblioteca de juegos y cantos
Conviene tener diez recursos conocidos por todo el personal: cinco activos y cinco tranquilos. Para ampliar el repertorio, AulaPrees ofrece el material Juegos y Cantos Infantiles, con rondas, canciones, fundamentos pedagógicos y un acceso al libro de la SEP y CONALITEG.
Selecciona primero propuestas que no requieran materiales especiales. Doña Blanca, La víbora de la mar, El lobo, juegos de palmas y rondas cantadas pueden adaptarse al espacio y a las características del grupo. Antes de aplicarlas, revisa reglas, riesgos de contacto físico y ajustes de inclusión.
Día 7: revisa lo que cambió
Compara tus registros con el primer día. Observa si el grupo inicia juegos con mayor facilidad, acepta mejor las transiciones, conversa más durante el recreo o necesita menos recordatorios. Conserva las estrategias que funcionaron y modifica las que generaron frustración.
Si el reto principal es sostener el foco durante las actividades, esta guía sobre cómo mantener la atención de los niños en clase complementa el plan con pausas activas, consignas breves y cambios de ritmo.
Cómo construir acuerdos útiles con las familias
Una circular alarmista suele generar defensa o culpa. Es más efectivo compartir observaciones concretas y pedir cambios posibles. La escuela puede proponer un acuerdo familiar con estas prácticas:
- proteger comidas y conversaciones sin dispositivos;
- dejar celulares y tabletas fuera de la habitación durante la noche;
- evitar usar la pantalla como única forma de calmar enojo, aburrimiento o espera;
- elegir contenido apropiado, desactivar la reproducción automática y acompañar al niño;
- avisar cuándo termina el uso y ofrecer una actividad siguiente;
- cuidar el ejemplo adulto durante el tiempo compartido.
En lugar de escribir “su hijo usa demasiado el teléfono”, prueba con una observación: “Durante esta semana pidió ver videos en cuatro momentos de espera y se molestó al iniciar el juego. Probaremos una transición con canto y nos ayudaría aplicar una rutina parecida en casa”.
Un mensaje breve que la escuela puede adaptar
“Durante los próximos siete días protegeremos el juego, el movimiento y la conversación. Los dispositivos se usarán únicamente cuando tengan un propósito pedagógico definido. En casa, les proponemos elegir un momento cotidiano sin pantallas y preparar una alternativa que su hija o hijo disfrute”.
Qué hacer cuando quitar la pantalla provoca enojo
El cambio puede generar protesta, especialmente si el dispositivo aparece todos los días en la misma situación. La respuesta adulta necesita calma y consistencia:
- Anticipa el final con una señal que el niño entienda.
- Nombra la emoción sin devolver la pantalla: “Querías seguir viendo y te enojó que terminara”.
- Ofrece dos alternativas concretas: “Puedes elegir plastilina o ayudarme con las tarjetas”.
- Inicia la nueva actividad con el niño en vez de ordenarle que se entretenga solo.
- Mantén el acuerdo. Cambiar la regla durante el enojo vuelve impredecible el límite.
No hace falta convertir cada transición en una negociación larga. Una frase breve, una elección posible y la presencia del adulto suelen ser más claras.
Tecnología con intención, experiencias con personas
La escuela puede enseñar una relación más consciente con la tecnología. Eso incluye saber cuándo una pantalla aporta información y cuándo interrumpe una experiencia mejor. En preescolar, la prioridad diaria sigue siendo hablar, tocar materiales, escuchar cuentos, moverse, imaginar y convivir.
La experiencia del recreo lo confirma: cuando una persona adulta se incorpora al juego, el grupo crece porque niñas y niños buscan participar. El reto consiste en sostener esas oportunidades hasta que jugar juntos vuelva a ser una elección disponible por sí misma.
Para convertir estas decisiones en secuencias didácticas contextualizadas, puedes preparar un borrador de aprendizaje basado en el juego en AulaPrees y adaptarlo a las necesidades reales de tu grupo.
Preguntas frecuentes
¿Se deben eliminar todas las pantallas del preescolar?
No existe una sola respuesta para todos los usos. Conviene evitar el consumo pasivo y automático. Un recurso breve, apropiado para la edad, acompañado por la docente y conectado con una actividad puede tener un propósito pedagógico. La pantalla no debe sustituir juego, conversación, movimiento ni exploración directa.
¿Cuánto tiempo de pantalla se recomienda a los 3 y 4 años?
La OMS indica que el tiempo sedentario frente a una pantalla no debe exceder una hora al día y que menos es mejor. Ese límite contempla el día completo, por lo que escuela y familia necesitan comunicarse. También importa la calidad del contenido y el acompañamiento adulto.
¿Ya están prohibidos los celulares en todas las escuelas de México?
A septiembre de 2026 existe una discusión nacional y se han realizado consultas para construir acuerdos. También hay medidas locales. La escuela debe revisar la normativa vigente de su entidad y evitar presentar una propuesta nacional como una prohibición federal ya concluida.
¿Conviene permitir celulares durante el recreo?
En preescolar, el recreo ofrece una oportunidad difícil de reemplazar para el movimiento, el juego libre y la convivencia. Mantener los dispositivos personales guardados protege ese tiempo, siempre que existan acuerdos de resguardo, comunicación de emergencias y excepciones justificadas.
¿Qué actividad puede reemplazar un video durante una espera?
Elige una opción que empiece rápido y no exija preparar materiales: canto con movimientos, secuencia de palmas, veo-veo, adivinanza, respiración guiada, imitación de animales o una historia encadenada. Repetir algunas rutinas ayuda a que el grupo las reconozca y participe sin demora.





